Me equivoqué

Paolo Sosa Villagarcia

Publicado en Noticias SER el 03/04/2012

El 25 de julio del año pasado, días antes de la juramentación de Ollanta Humala como Presidente de la República,  cuestioné en Noticias SER la estabilidad del gobierno entrante (e implícitamente la estabilidad del régimen democrático) tomando en cuenta la oposición  y la desconfianza que profesaba buena parte del electorado y especialmente los grupos económicos frente al nuevo presidente. Esta situación se complicaba por el “doble discurso” utilizado durante la campaña, centrado en La Gran Transformación de la primera vuelta y la Hoja de Ruta de la segunda; pero sobre todo porque había constatado que ambos discursos convivieron en los cierres de campaña especialmente observando los discursos en Cusco (amplia mayoría en la primera vuelta) y Lima (aquella plaza que le resultó inicialmente esquiva). Este escenario generaría una inestabilidad capaz de hacer temblar al gobierno en momentos de crisis, ya que no solo tendría una clase económica (y los medios de comunicación masiva) en contra; sino que era evidente que Humala no llevaría a cabo una transformación estructural generando que su electorado original -que se sentía ganador- experimente un proceso de privación relativa.

Me equivoqué.

Ese artículo fue fruto de una provechosa conversación en Cusco en el mes de julio con Mauricio Zavaleta y Eduardo Dargent con ocasión de la presentación de la segunda edición del libro “Demócratas precarios” (IEP: 2011). Quizá por ello, la primera atingencia importante que me hizo repensar esa idea vino de Mauricio Zavaleta, quien semanas después publicó un artículo en la que llamaba la atención sobre un tópico que yo no estaba tomando en cuenta: ¿Serían capaces los electores originales de organizarse eventualmente para presionar por el cumplimiento de sus demandas políticas? Había que reconocer entonces la debilidad organizativa  y el localismo de los liderazgos en torno a los conflictos sociales o la conformación de Gana Perú para darse cuenta que esto era casi imposible (1). Por ese entonces la posición del Presidente Humala todavía era incierta en temas como Conga.

Meses después junto a Mauricio y Daniel Encinas nos propusimos analizar las dificultades de las políticas de inclusión social (2). Luego de ello era evidente que no solo me había equivocado al sobreestimar los conflictos sociales  como oposición del gobierno, sino también había subestimado la facilidad con la que se puede contentar al sector empresarial (y con ello a los medios de comunicación). Por un momento me había creído el discurso de defensa “liberal” que balbuceaban en contra de Humala, olvidándome tontamente que eran los mismos sectores que aplaudían a Fujimori (o a Uribe) y la mano dura del “perrohortelanismo”. Bajo esas condiciones desiguales de organización y capacidad de presión a favor de los grupos “antirredistributivos” (ver el artículo en Argumentos N°5, Noviembre 2011), Humala estaría imposibilitado de llevar a cabo una transformación estructural, por lo que un escenario posible era su inclinación por recursos simbólicos de contacto directo con la población.

Este deja vu también fue advertido por Alberto Vergara no necesariamente desilusionado por la permanencia de la precariedad política más que por la continuidad del modelo económico (3). Ahora bien, las últimas reflexiones de Eduardo Dargent en Diario16 ponen sobre la mesa la simpleza de argumentos centrados solamente en la debilidad y fortaleza de estos grupos. Habría que fijarse también, recomienda Dargent, en la tecnocracia que ocupa cargos importantes en la gestión pública y en la composición del electorado. La “complejidad” viene de la mano con un análisis de estrategia política: al presidente Humala no le conviene abrirse frentes opositores ni politizar los temas económicos, le es más cómodo plegarse al continuismo de las últimas dos décadas. Pero creo que lo dije una vez, pero Carlos Meléndez parece haberlo puesto más claro: Ollanta Humala es un pragmático por default, un pragmatismo sin norte ni sentido (4). Todos estos son intentos de alejarse un poco del padrenuestro de la “captura del Estado” y mostrar la complejidad estructural y de agencia que explica la inmutabilidad de la política post-Fujimori.

En julio de 2011 me equivoqué. Yo temía que el rechazo por Humala podría trazar un escenario de crisis al estilo de los juicios políticos de Aníbal Pérez-Liñán. Pero debo aceptar que no me engañó Humala, sino los que se le oponían por Madre Mía y luego aplaudieron sin más el Estado de Emergencia en Cajamarca. A pesar de Conga, por suerte, no hemos llegado a mayores veinte años después de que el presidente Fujimori disolviera el Congreso de la República y no creo que lleguemos tampoco. ¿Para qué? Los que podrían patear el tablero esta vez no tienen fuerza, y los que sí la tienen están felices y solo les incomodan Antauro y Nadine de vez en cuando.  Pero debo reconocer también que me engañé con el electorado de “centro”, pensé que luego de dos elecciones “de terror” (2006 y 2011) exigiría que por el bien de la democracia se cumpla con atender a los más descontentos. Eso me daba pié a ver con esperanza otro escenario alternativo al juicio político: una politización provechosa en la que se pudieran llevar a cabo reformas moderadas y donde ese electorado medio sirva de contrapeso entre los más conservadores y los más radicales. ¡Hacer un poco de política para variar!

Comparto la opinión de Dargent, este modelo es positivo para el desarrollo de nuestra economía y lo hemos constatado con cifras no solo de crecimiento sino de reducción de la desigualdad. Pero si seguimos así, en 2016 leeremos de nuevo a Alberto Vergara reprochándole amnesia e irracionalidad a nuestra élite económica porque ese sector que quiere ver cambios sustanciales volverá a expresarse en las elecciones “sorprendiendo” al país. Quizás luego del Cambio Responsable y La Gran Transformación ya no sea posible una politización moderada y positiva ¿Usted confiaría en un juego en el que gana pero pierde? Y no es cuestión de ver solo los avances de la economía, como reclama Mauricio Mulder, hay que ver cómo caminamos también en la política. El desarrollo económico no asegura la permanencia de la democracia. Espero nuevamente equivocarme.

Notas:

(1)    http://www.noticiasser.pe/24/08/2011/altiplano-politico/altiplano-politi…
(2)    http://www.revistargumentos.org.pe/los_retos_politicos_de_la_inclusion_s…
(3)    http://www.poder360.com/article_detail.php?id_article=6284
(4)    http://elcomercio.pe/impresa/notas/pragmatismo-ignorantes/20120327/1393208

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