Naranjo en Flor: Un diálogo sobre el fujimorismo

Paolo Sosa Villagarcia

Publicado en Noticias SER el 07/03/2012

Más allá de la crisis del fútbol y del debate en torno a la izquierda peruana originado por el libro de Alberto Adrianzén, en algunos medios nacionales se ha ido desarrollando un interesante diálogo acerca del devenir del fujimorismo. Este diálogo originado por Steven Levitsky en La República, luego fue respondido por Carlos Meléndez y Eduardo Dargent. Este dialogo no debería pasar desapercibido, pues aún nos queda mucho por aprender después de Alberto Fujimori.

Levitsky inició la reflexión (La República, 5/2) sobre la importancia que tienen los partidos sólidos de derecha en Latinoamérica para impedir que las elites que se ven amenazadas busquen refugio en soluciones alternativas a la democracia como los golpes de Estado. Para Levitsky, en este contexto un fujimorismo renovado y más alejado de su pasado autoritario era una buena opción por las condiciones de organización y llegada popular demostradas en la última elección. Posteriormente, Levitsky (La República, 19/02) encontraba que, paradójicamente por su origen anti-partido, tenía los dos componentes esenciales para la consolidación de un partido: una mística o ideología y cuadros más allá de los apetitos de los políticos ambiciosos. La ideología, reflexiona Levitsky, es un cemento que une a los miembros del fujimorismo y en este caso está formada por su línea dura contra la subversión y el recelo ante organismos pro DDHH y lo que ellos consideran un periodo de “persecución” tras la caída del gobierno de Alberto

Fujimori, que además es vista como injusta por el papel que ellos se atribuyen en la reestructuración económica y la derrota de la subversión. El fujimorismo tiene proyecciones favorables, a diferencia de otras organizaciones, para consolidarse (ojo, a futuro) en un partido político, pero solo su moderación y renovación lo llevarían a ser un aporte para la democracia más que un peligro.

Carlos Meléndez (El Comercio, 21/2) se muestra escéptico de la democratización de las bases, reconociendo que en términos institucionales y de valores son muy poco democráticos (al igual, claro, que el “elector nacionalista”) así como resalta que ese “cemento entre sus miembros” y su historia como “Fujimorismo” es poco democrática, basando sus símbolos fundacionales en fechas como el 5 de abril. Eduardo Dargent por su parte (Diario16, 26/02) señala que esa base continuaría siendo fiel a pesar de que la fuerza se modere en su discurso. Pero, ¿por qué moderarse en el discurso? Básicamente, señala Dargent, para obtener mejores réditos políticos. ¿Por dónde viene entonces la dificultad del fujimorismo para apostar por un proyecto moderado que aporte a la democracia? Para Dargent la clave está en su comportamiento (especialmente el de las élites o los “líderes visibles”) tercamente autoritario: Sencillamente el fujimorismo no parece tener intenciones de encarar sus faltas y asumir sus responsabilidades, a pesar de que esta actitud fue fundamental en su derrota electoral. Dargent dice algo muy cierto: el fujimorismo está mejor parado ante los otros movimientos para consolidarse como una organización partidaria, pero si no corrige, como parece que será en el mediano plazo, su camino terminará frustrándose esa posibilidad moderada que plantea Levitsky inicialmente.

A raíz de estos comentarios, Levitsky (La República, 4/3) menciona que consolidar no es ganar. Por ejemplo, para el fujimorismo con Keiko como candidata fue positiva la existencia de una base de militantes en primera vuelta, pero se convirtió en un arma de doble filo en tanto tuvo más dificultad de moderarse en la segunda vuelta, a diferencia de Humala que no tenía que responder ante una militancia comprometida. Para Levitsky esa dificultad (imposibilidad) que observan Dargent y Meléndez, es un costo político que podría afrontar el fujimorismo para convertirse en competitivo y no perder el apoyo de sectores que están a su favor porque es una oferta capaz de ganar elecciones. Quizás complementando esta idea podríamos volver al artículo inicial de Levitsky y encontrar que el debate inicial se centra en la alternativa democrática que le ofrece un partido de derecha a las élites latinoamericanas “acostumbradas” a optar por recursos alternativos como los golpes militares. En tal sentido, si el fujimorismo –como menciona Levitsky en el último artículo- fue convencido por el Grupo El Comercio o la Confiep de que podía ganar sin moderarse, lo natural es que después de su derrota ese grupo presione por una moderación estratégica tras el susto electoral de 2011. ¿Cuál es el problema? Lo dijo Levitsky en su primer artículo: Ollanta Humala terminó siendo lo mismo, entonces no hay problema.

En distintos momentos de este intercambio de reflexiones se han traído a colación dos investigaciones recientes que son fruto de dos tesis, la de Melissa Navarro (1) y Adriana Urrutia (2). En base a estos trabajos se puede argumentar sobre la mística y la organización, así como las buenas proyecciones futuras de la organización. Pero yo quisiera centrarme en dos ideas que me parecen centrales en el debate. En primer lugar, Urrutia observa que existen diversas tendencias dentro del propio fujimorismo, y por un acercamiento personal considero que sería interesante ver cuál es la perspectiva de la generación joven que está dentro del movimiento, esta es una tarea pendiente en las investigaciones especialmente para comprender el largo plazo. En segundo lugar, Navarro propone que la capitalización de la herencia carismática (a pesar de no ser “sanguínea”) es importante para entender su fortaleza ante la debilidad de los líderes intermedios (recordemos el desempeño electoral de Martha Chávez). Esta idea concuerda con la reflexión sobre un fujimorismo sin un Fujimori.

En tal sentido, concuerdo con Dargent. Lo más probable es que a corto plazo el fujimorismo no se modere. Como he mencionado, por dos razones básicas: la resistencia de sus élites (es difícil que Keiko o Kenji reconozcan los errores de su padre) y la ilusión de tranquilidad que provee Humala a las elites de derecha, las cuales siguen teniendo un incentivo perverso para invertir en un partido de derecha moderado y competitivo. En lo que sí discrepo es en la afirmación de Dargent sobre ver “lo que pase en unos años después de toda esta especulación” pues me parece que lo último que debería pasar es que se deje de observar e investigar lo que sucede sino que es necesario seguir debatiendo y especialmente investigando sobre el tema, lo mismo se hizo con el nacionalismo después de 2006 y ahora están en el poder.

Notas

(1)    Navarro, Melissa. Tras el líder: Oportunidades de un partido personalista para lograr la continuidad luego del alejamiento del líder fundacional: el caso del fujimorismo. En Politai Revista de Ciencia Política Año 2, N° 3. Lima: Asociación Civil Politai, 2011.

(2)    Urrutia, Adriana. Que la Fuerza (2011) esté con Keiko: el nuevo baile del fujimorismo. El fujimorismo, su organización y sus estrategias de campaña. En Carlos Meléndez (ed.) Post-Candidatos: Guía analítica de sobrevivencia hasta las próximas elecciones. Lima: Mitin, 2011

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