Poder regional: ¿líderes o regiones poderosas?

Paolo Sosa Villagarcia

Publicado en Semana Económica, 17 de setiembre de 2016.

¿Qué tanto del poder de los líderes regionales se debe a su liderazgo o a dinámicas propias de las regiones? La encuesta resalta el auge de figuras empresariales como líderes regionales.

Los resultados de la XXXVI Encuesta del Poder revelan algunos datos interesantes, aunque poco sorprendentes luego de finalizado el proceso electoral de este año. ¿Quién es el líder regional más poderoso? Gregorio Santos (67%). No es novedad, puesto que ya en el 2012 ocupaba ese espacio, pero, además, por su sugerente respaldo electoral a pesar de haber estado recluido en un penal durante toda la campaña. ¿Cuál es la región más poderosa? Arequipa (94%), cuya presidenta regional, Yamila Osorio, es la segunda lideresa regional más poderosa (44%), según esta encuesta. La lista de los cinco líderes más importantes la completan Fernando Cillóniz (23%), César Acuña (20%) y Martín Vizcarra (10%). Esto, por las características de la encuesta, refleja una visión sobre las regiones básicamente proyectada desde Lima y desde espacios muy particulares del Estado, de la sociedad civil y del cuerpo empresarial.

Dadas las limitaciones de la encuesta, como la intermitencia de aplicación de las preguntas a través de los años, es imposible saber más allá de esta fotografía, es decir, mirar hacia atrás y completar el panorama con información sobre la evolución de esos liderazgos. A pesar de ello existen algunas preguntas sobre presidentes regionales o dinámicas económicas y sociales que nos pueden ayudar a completar la imagen panorámica del poder regional a partir de esta encuesta. En efecto, encontramos que desde el 2002 —año clave para el proceso de descentralización— hasta la fecha los distintos tipos de preguntas referentes al poder en las regiones arrojan constantemente información sobre siete regiones: Arequipa, Cusco, La Libertad, Lambayeque, Áncash, Loreto y San Martín, regiones a las que en los últimos años se empiezan a sumar Cajamarca y Moquegua. Vale entonces preguntarse hasta qué punto la encuesta refleja efectivamente el liderazgo individual o, más bien, refleja el vigor de la sociedad de las regiones.

Este ejercicio es importante porque, en la mayor parte de casos, los ‘líderes regionales’ que aparecen por lo general lo hacen por ser la cabeza o una de las figuras más saltantes de estas regiones. De hecho, incluso en los casos en los que el liderazgo parece ser un rasgo importante, encontramos que en el fondo esos espacios son posibles en gran medida por cambios internos en las dinámicas regionales y surgimiento de nuevas élites relacionadas a esos fenómenos. El caso de Gregorio Santos y Cajamarca es claro en ese sentido. Como muestran los trabajos de Luis Meléndez, la introducción de la minería en la región desencadenó una serie de eventos que terminaron tonificando y vigorizando la dinámica política regional. Así las cosas, Santos es más bien un producto de la movilización antes que un dirigente social que articula las bases. Una situación similar podría observarse, salvando las distancias, en los casos de San Martín o Moquegua, donde el liderazgo viene acompañado o se origina, por una sociedad regional cada vez más enérgica. Finalmente, el liderazgo y el poder no siempre son garantía de buen gobierno; basta ver la valoración que en el 2012 y el 2014 se tenía sobre César Álvarez (Áncash), hoy procesado por la justicia.

Resalta mucho que recién a partir del 2014 empiecen a aparecer mujeres en este tipo de listas regionales. Las figuras de Susana Villarán y Yamila Osorio son lamentablemente excepciones dentro de una lista que ha estado más bien dominada por hombres.

También es importante resaltar que, aun cuando los políticos son los principales protagonistas de estos recuentos, en los últimos años podemos ver cada vez más figuras empresariales regionales y —más importante— la combinación de empresario-político, como en el caso de Fernando Cillóniz o César Acuña.

Una de las cuestiones más interesantes son las limitaciones de proyección nacional de los liderazgos regionales. En el 2007, la encuesta preguntó quiénes eran los presidentes (hoy gobernadores) regionales con mayor proyección política en el futuro, y los cuatro primeros nombres eran Yehude Simon, Álex Kouri, Vladimiro Huaroc y Juan Manuel Guillén. Todos ellos han jugado en las ‘grandes ligas’ —por ponerle un nombre—, pero siempre con papeles secundarios. Por otro lado, resaltan nuevas figuras regionales, como Verónika Mendoza o César Acuña, que, hoy por hoy, están posicionadas, sobre todo la primera, como figuras poderosas de carácter nacional.

Aprender de una derrota

Paolo Sosa Villagarcia

Publicado en Semana Económica el 17/06/2016

Keiko Fujimori ha vuelto a perder las elecciones frente a un candidato sin mayores habilidades políticas. Esta situación podría poner en duda su liderazgo en el fujimorismo, afectando significativamente la dinámica de Fuerza Popular como organización y como fuerza parlamentaria. Por ahora, las intenciones de la ex candidata son claras: continuar liderando el partido y volver a tentar la presidencia en 2021.

¿Podrá seguir siendo una opción competitiva? Como en el 2011, esto demanda aprender de la derrota y la lección es clara: Fuerza Popular precisa renovar sus cuadros y moderarse prudentemente, más allá de meras estrategias cosméticas. Tras la elección, el fujimorismo no solo debe confrontar su pasado sino también su presente.

En la dinámica parlamentaria el fujimorismo juega un doble rol como oposición y mayoría. Para ser elocuentes con las necesidades del partido, este espacio debería ser aprovechado para construir las credenciales democráticas y concertantes que tanto necesitan. Lamentablemente, el fujimorismo ha dado pésimas señales y su lideresa hace poco para remediar dicha situación que los posiciona como una bancada revanchista.

En la arena electoral, la renovación obliga a trascender las alianzas locales y encarar el reto de invertir en la formación de cuadros, poniendo especial cuidado en los perfiles y en la erradicación de las viejas mañas. Contrariamente a lo que se cree, el fujimorismo podría desarrollar esta tarea consolidando sus bases políticas y sociales en los espacios locales, articulando una oferta coherente para las elecciones subnacionales.

Ambas estrategias requieren liderazgo y visión. Keiko Fujimori está frente a un escenario que pone a prueba sus capacidades de liderazgo dentro y fuera del partido. Para estar a la altura de las circunstancias no basta solamente con ser aplicada. Ser oposición, en estas circunstancias, es una responsabilidad tan demandante como la de gobernar y, por el momento, todo hace suponer que ni la candidata ni el partido están preparados para tal compromiso.

La otra ‘hoja de ruta’

Paolo Sosa Villagarcia

Publicado en Semana Económica el 15/04/2016

El actual proceso electoral nos ha arrojado una segunda vuelta con candidaturas que representan el status quo económico. Luego de una década, el fantasma del “chavismo” como elemento de cohesión ha desaparecido. Sin embargo, las demandas por un cambio persisten y han sido muy elocuentes en la configuración territorial del voto.

Todo parece indicar que estamos frente a una campaña dirigida no solo a la disputa por el elector moderado sino, en gran medida, por el votante disconforme. En ese sentido, ¿es necesario un “endose” de la izquierda? Por el momento esto no solo es poco probable, sino que además buena parte del voto centrista está asegurado en contra del fujimorismo y la lealtad del voto disconforme ante la izquierda aún no es del todo clara.

El voto por la izquierda no ha sido del todo ideológico, por lo que el Frente Amplio podría abstenerse de apoyar a PPK sin que sus votantes sigan militantemente esa dirección. Un sector del electorado de Mendoza o Barnechea podría preferir votar por PPK a regañadientes frente a la posibilidad de un gobierno fujimorista.

A pesar de los esfuerzos de Keiko Fujimori, la amenaza a la democracia se mantiene encarnada por el fujimorismo. Sin embargo, un discurso centrado en el respeto por la institucionalidad no parece ser suficiente, sobre todo si Fuerza Popular logra responder mejor a las demandas materiales del electorado que se ha quedado sin representación en la segunda vuelta.

En estas condiciones, la derecha democrática tendrá que conceder, por primera vez, una “hoja de ruta” que se plantee seriamente políticas de desarrollo e inclusión social que vayan más allá del credo economicista de “crecer para incluir”. Es decir, un discurso centrado en el desarrollo social antes que en la estabilidad económica a rajatabla. Esta es una tarea difícil para Pedro Pablo Kuczynski porque representa lo opuesto para un segmento del electorado, tanto por su perfil tecnocrático como por su menosprecio discursivo contra estos sectores sociales.