Keiko y el futuro de Fuerza Popular

Paolo Sosa Villagarcia

Publicado en El Comercio el 11/06/2016

El fujimorismo ante el resultado electoral.

A simple vista, Fuerza Popular ha sido derrotado en las ánforas. Una mirada más cautelosa, sin embargo, debería reconocer el avance de esta agrupación. A pesar de los entredichos familiares, el fujimorismo muestra voluntad de continuidad electoral. Reducir esta organización a la lucha por el indulto de Alberto Fujimori es insostenible. Quizás lo era hace cinco años, pero hoy también representa una marca electoral e importantes redes de políticos que se benefician de ella más allá de la familia y las viejas cúpulas.

 

El fujimorismo hoy es diferente, aunque no necesariamente mejor. A pesar de que la presidencia le ha sido esquiva, el trabajo de Keiko Fujimori en los últimos años no ha sido en vano. Con sus acciones, la candidata ha logrado consolidar su liderazgo interno, articulando nuevas redes y bolsones electorales en torno a su propia figura. No obstante, perder una elección “hecha” tiene costos y va a demandar reflejos políticos de parte de la lideresa. Especialmente porque queda demostrado, una vez más, que la polarización con el antifujimorismo y las serias acusaciones contra las principales cabezas del partido demandan que se replantee una renovación real y no solamente estética.

Frente a este escenario, sin embargo, la pugna entre las facciones del fujimorismo se intensifica. Esta dinámica es entendida por algunos observadores como un signo de debilidad e, incluso, como un presagio de ruptura. Este es un escenario posible, aunque no el único ni el más probable. Las diatribas fraternales reflejan la disputa por el control del partido, pero Keiko lleva la delantera y, más allá de afiebrados comentarios, su jefatura sigue siendo el pilar que sostiene el éxito del fujimorismo sin Alberto Fujimori.

En este contexto, ¿qué sucederá con la abrumadora mayoría fujimorista en el Congreso? Algunos análisis anticipan una posible fragmentación por las características de los nuevos miembros de la bancada fujimorista. En estas elecciones, Keiko Fujimori y su entorno incluyeron candidatos independientes con el objetivo de ampliar las redes electorales y, de paso, restarle espacio al albertismo. Por este motivo –sugieren– esta mayoría ya no sería tan disciplinada e inmutable como en el último quinquenio. Esto es posible, pero también es cierto que los congresistas –viejos y nuevos– tienen incentivos importantes para mantenerse fieles a la ‘Bankada’.

Por un lado, es muy probable que los congresistas interesados en la reelección aún consideren a Fuerza Popular un vehículo electoral exitoso en las próximas elecciones; especialmente si es que mantenerse en las filas del fujimorismo les permite actuar como oposición y sacar provecho frente a un gobierno cuya popularidad puede desgastarse fácilmente. Por otro lado, el pragmatismo fujimorista en la dinámica legislativa ofrece a sus parlamentarios la posibilidad de tomar posturas diferentes sin mellar sus relaciones con el partido a través de los “votos de conciencia”; pero aun más poderosa –y problemática– es la posibilidad que les ofrece su condición de mayoría para blindarse y mantener su inmunidad frente a las acusaciones, que no son escasas. Como nos advierte el subconsciente de Pedro Spadaro, ya sabemos a quién le “pertenece” el Congreso.

Ante esta situación, haríamos mal al creernos el mito celebratorio y, como hace cinco años, subestimar la potencialidad de Fuerza Popular. Las viejas mañas no se pierden fácilmente, por lo que este Congreso supone retos importantes para la fiscalización ciudadana. Al mismo tiempo, no debemos perder de vista que Fuerza Popular es actualmente la fuerza política más importante y el fujimorismo, como identidad, sigue calando en amplios sectores de la sociedad. Nada ganamos negándolo.