Carreteras, economía y política: A propósito de “Conexión y despegue rural” de Richard Webb

Hace unos meses visitaba una vez más el distrito de Lares (Cusco) que ha visto dinamizar su economía por la introducción de recursos públicos gracias al canon de la región y el desarrollo de un incipiente circuito que ofrece recursos turísticos importantes en términos paisajísticos, monumentales y recreacionales.  El centro poblado de Lares, la capital de distrito, ha sido importante en el siglo XX por ser una de las puertas de ingreso a la ceja de selva cusqueña por el lado del valle de Yanatile, así como por el famoso movimiento campesino que, junto a La Convención, remeció al país. Pero el siglo XXI le tenía reservado un nuevo rostro, un nuevo proceso. Tuve la suerte de recorrer la zona varias veces desde la infancia, viendo de alguna manera los impresionantes cambios que ha experimentado, pero también las grandes continuidades que son imposibles de ignorar.

Entre el año 2001 o 2002, por ejemplo, los niños de algunos caseríos en Yanatile querían tener unos camiones “techín” entre sus juguetes de plástico marca BASA. La precaria y peligrosa carretera, insondable en épocas de lluvia, que hasta ese momento solo había visto el ingreso de viejos camiones y cústers fue reafirmada y allanada para permitir el tránsito de los impresionantes traillers con el nombre de la empresa “Techint” que penetraban la zona transportando materiales relacionados al desarrollo del proyecto Camisea.  A pesar de no ser asfaltada, esta mejora en la carretera, más ancha y regular, tuvo un impacto positivo en los usuarios tradicionales de esta ruta, generando una vía menos precaria para transportar los productos que se comercializan en la capital de la región aminorando los costos en términos de precios, constancia y predictibilidad del transporte.

Por otro lado, junto a una interesante promoción turística del distrito, Lares también aprovechó que la nueva carretera se conectó con el punto de acceso a su zona, especialmente con la mayor afluencia de turismo (sobre todo local), con lo que el número de hostales, restaurantes y tiendas del centro poblado, que antes podían contarse con una sola mano, empezó a crecer poco a poco. Hoy, a diferencia de hace unos diez años, las unidades de transporte (y sus horarios) se han multiplicado. Asimismo, la infraestructura de los baños termales, uno de los principales atractivos turísticos, fue mejorando con el paso del tiempo dándole recursos a la municipalidad con los ingresos registrados sumándose al presupuesto que ya se había incrementado por el canon correspondiente. Esta dinámica, le dio la oportunidad a la municipalidad, o Gobierno Local de Lares como reza en el local municipal, para invertir aún más en el desarrollo de infraestructura, ampliando los servicios de estos baños termales con restaurantes, espacios de comercio e incluso posadas para turistas, con lo que se han abierto plazas en la construcción y el turismo entre los ciudadanos de la localidad, quienes alternan con sus actividades económicas tradicionales.

Esta dinámica fue aún más favorecida luego que el gobierno regional invirtió en el asfaltado de una porción importante de la carretera, generando aún mejores condiciones para el transporte y la disminución de tiempos. Pero no solo han mejorado las condiciones del turismo, sino que las gestiones municipales han invertido parte del presupuesto en mejorar la infraestructura educativa, así como en la construcción de un mercado donde se desarrolla el importante intercambio de productos tropicales y andinos, tradicionalmente ubicado en la plazoleta principal. Asimismo, en los últimos veinte años se han desarrollado y completado obras de asfaltado y cuidado del ornato público, generando puestos de trabajo e inversión en el ámbito local. Los efectos de eso en la economía doméstica son algo que debería investigarse a profundidad, en los últimos años, las casas han empezado a construirse (y reconstruirse) con cemento y ladrillo.

En esto pienso cuando leo el argumento central del nuevo libro “Conexión y despegue rural”  de Richard Webb (USMP) basado en una investigación que analiza el impacto en la dinámica rural del crecimiento en la construcción de carreteras a lo largo del Perú en la última década para remediar el problema de dispersión generado por condiciones especialmente geográficas. También he tenido la oportunidad de escuchar la presentación del argumento, los principales cuadros estadísticos y resultados en  más de una oportunidad por lo que me animo a sugerir estas ideas. Webb llama la atención sobre los estudios las variables utilizadas para explicar el retraso económico y la desarticulación política del Perú rural, históricamente centradas en explicaciones sobre las relaciones de poder, la estructura económica, los niveles de acceso a la educación y otros servicios como salud.

Según la revisión teórica y empírica de esta investigación, estas variables podrían ser afectadas por las transformaciones que experimentan el grado de conectividad y su efecto en los costos de transacción y las economías externas de aglomeración. Sin embargo, uno de los comentarios del profesor Javier Iguiñez sobre el trabajo resuena aún en mi cabeza. Iguiñez señala que el libro trata de explicar la importante transformación del ámbito rural, especialmente en lugares que no están relacionados a las industrias extractivas directamente, pero podría verse opacado por los resultados menos optimistas del Censo Nacional Agrario que van publicándose poco a poco. Y resuena pues también vuelven a mi cabeza otras imágenes sobre la misma carretera y esta vez no tienen que ver necesariamente con centros de producción o turísticos previamente articulados, sino sobre todo con el paisaje que recorre entre estos puntos. Y aquí vienen las continuidades.

A pesar de este proceso de dinamización, los caseríos, especialmente en la puna, no han experimentado transformaciones apreciables a simple vista. Las condiciones de las familias dedicadas al pastoreo siguen siendo precarias, así como son escasos los servicios básicos que puedan abarcar las necesidades de estas unidades familiares que ocupan las zonas incluso articuladas a las vías de comunicación. Es interesante, además, que incluso en la capital del distrito la comunicación celular sea difícil, mientras que los puntos de telefonía pública sean escasos (hasta hace unos años, solo uno). Incluso pensando en una escena que ya se ha hecho costumbre cuando los niños corren hacia la carretera cada vez que pasa un vehículo, esperando que alguien les lance un pan, caramelos o naranjas, si se trata de productores de Yanatile. Del mismo modo, en los pequeños caseríos, se observan pintas recientes, en apoyo a Ollanta Humala que dejan a la especulación el rol que podrían cumplir los programas sociales por sobre la dinámica económica que reclama Webb.

A pesar de ello, el argumento presentado sigue siendo estimulante para entender el desarrollo rural. Depositario de los invaluables estudios publicados por el Instituto de Estudios Peruanos en el libro editado por José Matos Mar “Hacienda, comunidad y campesinado en el Perú” (1976) que resaltan la transformación del mundo agrario previo a la reforma agraria de Velasco, el libro provee una discusión fértil y necesaria sobre las condiciones del desarrollo, especialmente en estos tiempos de crecimiento económico.  Si uno revisa detenidamente la historia regional en el Siglo XX podría encontrar indicios sobre los efectos, planeados o no, que han tenido los diferentes impulsos de conexión (migración a centros poblados, construcción de vías de comunicación, radio y telefonía, etc) sobre características a primera vista inamovibles como la estructura política y económica. Por ejemplo, sin exageración, uno podría contar la historia contemporánea de Lares y Yanatile a partir de los impulsos de penetración de las vías de comunicación.

Sin embargo quedan algunas preguntas sin responder, lo que podrían provocar investigaciones que profundicen en los temas pendientes como por ejemplo la sostenibilidad y el destino de los procesos de cambio (¿estamos realmente ante un despegue?), o aventurarnos a una explicación más exhaustiva sobre los orígenes de la construcción de carreteras en este caso. ¿Qué impulsó el desarrollo de estas vías de comunicación? ¿Son solo efectos de la política nacional de construcción de vías (pensando en Fujimori y García)? ¿Es el desarrollo de actividades extractivas el que impulsa la conexión con áreas antes aisladas o con vías precarias? ¿Cuál es el rol de la capacidad política y de gestión de los gobiernos regionales y locales  luego de la descentralización? ¿Es acaso uno de los pocos ámbitos en los que podrían tener éxito en inversión presupuestaria (pensando en el SNIP)?   Según información del MEF, para noviembre del año pasado, por ejemplo, la municipalidad había avanzado con el 73.5% en su gasto presupuestal, ubicándose por encima de gobiernos locales como Lamay o Pisac, articulados a la autopista que conecta el Cusco con el Valle Sagrado, polo de desarrollo turístico y agrícola por excelencia, ¿cuál es el rol de esa inversión en el desarrollo del mercado?

Mientras voy pensando en algunas de estas circunstancias, recuerdo la imagen del imponente complejo arqueológico de Choquekancha, mientras el conductor y una señora, presumiblemente lareña, discuten sobre el impacto positivo (dice el conductor) y negativo (la señora) de la minería para el país y el desarrollo económico. Luego de una interesante discusión, ambos concluyen en que la economía va bien y que las cosas han cambiado en relación a “lo que era antes”, pero que la política podría estar mejor. Luego de enumerar las virtudes y defectos de sus referentes de transformación, Velasco y Fujimori, concuerdan en que sí son necesarias algunas reformas, pero que esto es una quimera. Alternancia sin alternativa, que le dicen.